Espiritualidad

Proyecto Educativo 2017

La espiritualidad del Sagrado Corazón tiene la particularidad de estar contenida en un símbolo: el corazón. El corazón simboliza lo más profundo e íntimo de un ser: el amor, el alma de una persona. Es el lugar del encuentro decisivo con Dios, ahí donde Él actúa y en donde la persona se hace una con Él.

El amor de Dios, por la Encarnación de su Hijo, se reviste de un corazón humano. Por el tremendo misterio de un Dios que se hizo hombre, el Corazón humano de Jesús es el Corazón de Dios: con sentimientos, afectos, ternura, capacidad de sufrir. El Corazón de Jesús nos hace asequible el amor de Dios.

El Corazón de Jesús es Jesucristo. En su Corazón encontramos la totalidad del misterio de su Persona:

• La espiritualidad del Sagrado Corazón tiene su valor más preciado en la misericordia incondicional del amor de Dios, que nunca queda indiferente frente al dolor humano y siempre se hace parte de ese sufrimiento. Quien es misericordioso al estilo del Corazón de Jesús, tiene la capacidad de pasar las miserias del mundo por el propio corazón y tiene la capacidad de dejarse afectar por el dolor de otro. Así, los Evangelios nos describen un corazón sensible lleno de ternura, afectivo, compasivo, accesible y sencillo, haciendo de la misericordia el objeto central de la predicación y actuar de Jesús. 

• Todo el amor que brota de su Corazón es pura gratuidad. Es Él quien nos buscó primero. Si el Corazón de Jesús tiene necesidad de nosotros es porque encuentra su gozo en amarnos y en que “tengamos vida y vida en abundancia”. La elección gratuita de Dios se demuestra en que no hemos llegado a la vida por méritos propios o esfuerzos personales. Tampoco hay nada que podamos hacer para que ese inmenso amor cambie “Ni la muerte ni la vida… nos separará del amor de Dios”. Por lo tanto, penetrar en la gratuidad del amor de Dios manifestado en Cristo, es experimentar la libertad de ser amado sin condiciones.

• El Corazón de Jesús nos manifiesta la vulnerabilidad de Dios (anonadamiento). Lo hace a través de su capacidad de sufrir con los hombres, de comprometerse con nuestros aciertos y desaciertos. Se ha vaciado de sí mismo para volcarse en nosotros y especialmente cuando estamos heridos. Su Corazón está abierto, sin defensa, abierto para acogernos y darnos, nuevamente, “vida en abundancia”. El Corazón de Jesús tiene debilidad por los más vulnerables y “se le mueven las entrañas” al ver el dolor humano.

La Espiritualidad del Sagrado Corazón, al modo de Santa Magdalena Sofía, nos urge a orientar nuestras vidas a identificarnos con los mismos sentimientos y actitudes que tuvo Cristo. Esto implica aprender a mirar la vida con sus ojos, amar como Él amó y conocer lo que movió su Corazón para vivir lo que Él hizo.

El amor de Jesucristo es todo para nosotros, es nuestra riqueza. Nada dinamiza tanto el corazón como la experiencia de saber que alguien ha hecho grandes cosas por mí, así como Cristo dio la vida por la humanidad. Nuestra espiritualidad invita a buscar una amistad personal con Jesucristo, conocer su Corazón, desarrollar nuestra interioridad: “la vida interior es la unión íntima del alma con Dios”, decía Magdalena Sofía. 

Por eso es que nuestra tarea como comunidad educativa es acompañar a las alumnas a conocer el Corazón de Jesús para que puedan actualizar en su propia vida la persona de Jesús. Y de esa manera, la experiencia educativa que promueve la adquisición de conocimientos, el desarrollo de habilidades en un ambiente seguro, se transforma en una experiencia fruto del amor.