Sentido de Comunidad

Proyecto Educativo 2017

El amor de Cristo, que habita en todos los hombres, nos une y nos transforma en un solo corazón. Este amor en Cristo establece entre nosotros una común unión, una comunión que nos transforma en comunidad. 

Profundamente enraizados en nuestra relación con Jesús, la vida en comunidad es una expresión fundamental de nuestra espiritualidad. La comunidad es un espacio donde somos llamados a una continua conversión personal y grupal, al modo de Magdalena Sofía, estamos llamados a seguir a Jesús con otros, en comunidad.

Para la Congregación del Sagrado Corazón la comunidad es la forma básica de organización, es un espacio en el que se comparte, se discierne, se toman decisiones. Estas tres acciones suponen calidad de relación y aprender a dialogar en la diferencia. La comunidad, en todos los niveles, es misión y para la misión.

“Reconociéndonos parte del universo, de la creación con toda su abundancia y de una humanidad fragmentada que anhela relaciones nuevas, estamos convencidas de que vivir en comunidad es un modelo alternativo de convivencia humana. Deseamos testimoniar que un mundo de amor, esperanza y paz, es posible” (Capítulo General 2008).

Para quienes somos herederos de Santa Magdalena Sofía, la docilidad total a la acción del Espíritu, la mansedumbre, la humildad, la misericordia y la compasión, se actualizan día a día en la vida comunitaria. Es decir, en comunidad se expresa la voluntad de Dios al compartir el “padecer con”, el sentir el dolor del otro como propio. Esto lo hacemos por amor. 

La Comunión supone crear lazos y vínculos, salir de nosotros mismos e ir hacia los otros. Es en la comunidad donde se concreta el esfuerzo por dignificar al prójimo, por ser más solidarios y más justos. Acoger sin juzgar, ser instrumentos de paz, no pasar por sobre otro, reconocer con alegría la dependencia de Dios y de los demás, solo es posible encarnarlo en la vida compartida.

Vivir y convivir con otros desde el Corazón de Jesús, es desear amar a pobres, ricos, sanos, enfermos, ancianos, jóvenes, a aquellos que miran y piensan distinto, y aquellos que son diferentes. Es reconocer la legitimidad de todo ser humano. De reconocernos por el bautismo que somos hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre. De esta manera, vamos conformando nuestra vida con los sentimientos y actitudes de Cristo.

Vivir en comunidad es una invitación a ponerse en camino en busca del tesoro ofrecido por Dios: “su Reino y su justicia”. Vivir en comunidad es el esfuerzo por reconciliar y perdonar para que el otro se sienta amado y respetado. Es el esfuerzo por construir un mundo nuevo para dejar que el Corazón de Cristo reine.

“Lo esencial no está en cambiar el mundo sino en atreverse a morir por él”16, a ensuciarse las manos para darle vida como lo hizo Cristo. La transformación del mundo se hace en comunidad, se realiza a través del amor y la consecuencia de esta experiencia de amor es jugarse por la fraternidad universal, reconciliarse con uno mismo y con los demás.